Dicen que el Océano Pacífico alberga en el
fondo marino billones de toneladas de plástico. Y resulta que una sola
bolsa de este material tarda en biodegradarse unos 150 años.
Es cierto que la bolsa de plástico
es algo que carece de valor aparente y estamos acostumbrados a disponer
de ellas sin calcular los ‘riesgos’. Pero también es cierto que su
precio es caro, sobre todo si calculamos lo que una bolsa de plástico
puede ocasionar a nuestra querida tierra.
Los ecologistas llevan
años advirtiendo del peligro que supone el uso y abuso de estas
‘bolsitas’. Hoy, en nuestra tierra, aún conservamos todo el plástico
que se ha fabricado desde que se descubrió ‘el invento’. Y la historia
sigue y sigue y sigue… porque cada español (contamos sólo nuestro país,
pero imaginaos en todo el mundo) usa una media de 238 bolsas al año.
Las mentes pensantes creen que existen soluciones para frenar este consumo y el perjuicio que supone para el medio ambiente,
pero no se ponen de acuerdo, ¡cómo no!, en el camino ideal para
lograrlo. Unos creen que lo mejor es prohibir el uso de estas bolsas y
otros anuncian que si se cobrara algún dinero por las mismas… la
historia sería distinta.Y es cierto, el ejemplo lo tenemos en Irlanda,
donde en el año 2002 decidieron cobrar 15 céntimos de euro por bolsa. En
los cinco años siguientes se redujo el uso de las mismas un 90%. En la
actualidad, resulta extraño que un irlandés regrese de la compra
cargado con bolsas de plástico, es más, posiblemente esté incluso mal
visto. Esto es educación medioambiental, aunque sea a la fuerza y pagando.

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